¿Qué se puede comprar en una tienda de productos eslavos? – Priánik o Pastelito de jengibre.

Este simple dulce esconde tras de si una gigantesca historia que no cabría ni en un libro. Y esta historia en vez de ir menguando ha logrado aumentar como una burbuja alrededor de la cual hoy tenemos una industria del arte de elaboración de priánik, muy parecida a la de cupcakes.

Aunque no es una cosa única de los países de la ex-URSS, ya que otros pueblos eslavos con mucho gusto degustaban este postre, pero en todas ellas priánik logró hacerse con la identidad propia. Así que merce mucho la pena probar las diferentes variaciones, como priánik polaco o checo.

Priánik.

La eterna Wiki indica que los parientes cercanos de nuestro priánik sería el francés pain d´epice o alemán Pfefferkuchen. Quizá serán algunos primos hermanos de la tía abuela, ya que lo único que comparte con los últimos es el uso de las especias.

Hace mucho tiempo, cuando existía el pueblo de Rus, del cual en su lugar se había formado un estado… y desde aquí les redirijo a la Wiki para no enredar más las cosas. En fin, en este estado de Rus preparaban unos “panes de miel”, por allá por el siglo IX. La receta era muy sencilla: una mezcla de harina integral con zumo de bayas, con la mayor proporción de miel respecto al resto de los ingredientes. Más tarde empezaron a experimentar añadiendo diferentes hierbas y raíces del bosque. En los siglos XII y XIII incluso le añadían a priánik las especias exóticas de la India y el Próximo Oriente. A partir de este momento es cuando nuestro dulce se formó tal como lo conocemos hoy.

En aquellos tiempos de modo romántico a las especias les llamaban “perfumes secos” y entre los más comunes empleados en la elaboración fueron la pimienta negra, eneldo italiano, la corteza de naranja; pero también usaban limón, menta, vainilla, jengibre, cardamomo, canela, anís, tomillo, nuez moscada y clavo. En fin, un poco de todo y todo sabía fenomenal.

Moldes para los priánik en la vitrina de un museo. Foto de internet.

Vieja caja con Priánik de Vyazma. Foto de internet.

Ya que las especias nunca eran al alcance de cualquiera en la antiguedad, los priánik tampoco se comían todos los días. Era muy común regalarlos, cocinarlos para un cumpleaños o una boda, diversos festejos. Incluso se decoraban los abetos de Navidad con ellos, bueno, en eso parece mucho con Gingerbread Man inglés.

Más avanzada la historia, hacia los siglos XVIII y XIX, la producción de los priánik era enorme y daba el renombre y fama a muchas ciudades como Tula, Tver, Kolomna, pero también Jarkiv. Dicen que por entonces los fabricantes de priánik tenían tiendas exclusivas en Paris, Berlin o Londres.

Para no enredar mucho paso ya a lo principal que son los priánik hoy en día. Es un dulce muy típico que se puede comprar cualquiera y en cualquier tienda. En España todas las tiendas de productos eslavos ofrecen una variedad de este dulce. Hoy los priánik pueden ser “como los de toda la vida”, con diferentes rellenos (mermeladas), con difentes tamaño y diferentes coberturas. Suelen gustar mucho a los niños. ¿Cuándo se toman? Pues, de postre con una taza de té o de café.

Aquí les muestro unos de toda la vida. Si decidís comprarlos, es mejor coger dos paquetes, ya que vuelan que no veas.🙂

Priánik de chocolate.

Priánik de chocolate.

Priánik de chocolate.


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