Albaricoque deshidratado.

Ay, los recuerdos de la infancia… Sacos y sacos y sacos de orejones secaditos al sol. Sólo teníamos un albaricoquero, eramos muchos para comer, pero aún nos sobraba la fruta para ponerla a secarse al sol y guardar mucho para el invierno.

En la casa de verano, que estaba apartada de la casa principal, guardábamos todo tipo de cosas y en la habitación más al fondo, la más fresquita, se apilaban los sacos con los orejones. De críos, nos escondíamos de vez en cuando entre los sacos, hablábamos de nuestras cosas y no parábamos de echar la mano al saco para picotear esos orejones. Ay, qué recuerdos más buenos…

Por cierto, prestad atención a la diferencia de color: los orejones de la tienda tienen un color anaranjado chillón y los caseros un color apagado inidentificable. Claro, para la vista y para la venta es más guay el primero.

Albaricoques deshidratados.

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Albaricoque deshidratado.

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