Salsa de tomates casera.

En general no me gusta recurrir a cosas en botes. Aunque algunos productos, como legumbres embotados, pueden ser socorridos alguna vez al año. Siempre es mejor que la gente consuma legumbre del bote que no consuma ninguna… Lo mismo pasa con la salsa de tomates. La mayoría de los supermercados no pasan el corte al contener cosas no deseadas entre sus ingredientes. Cierto que ya aparecen algunas en la sección de productos ecológicos que no incluyen más que lo necesario. Aún así, me sale más rentable hacerlo en casa.

Ahora es la época de fantásticos tomates para embotar que están inundando los pequeños mercados junto con los pimientos para asar. Sería una pena no aprovechar el producto de temporada y su buen precio. 😉

Al principio empleaba doble de tiempo en preparar las salsas con sabores diferentes, que una picante, otra con hierbas, otra barbacoa… En fin, entendí que no merecía la pena este esfuerzo. Mucho mejor es preparar una salsa “plana” y posteriormente usarla como base para lo que necesites.

¿Se tarda mucho en preparar esto? En absoluto. Básicamente es lavar, cortar (como mínimo por la mitad), sazonar, hervir, batir y remover 2 veces. Se acabó.  Resultado de imagen de icon thumb up

Salsa de tomate casera.

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Salsa de tomate casera.

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Pimientos navarros.

El otoño es una estación dedicada a la comida. Por lo menos en mi caso. Nunca quiero que se termine el verano y con bastante amargura miro hacía el otoño, sabiendo que pronto vendrán mocos, viruses, afonía y esas cosas divertidas de la vida. Para compensar este desánimo me vuelco en la comida. El otoño vuele a muchísimas cosas: especias fuertes, calabaza, tostada de setas con ajo, tarta de manzana, fantásticos membrillos, suculentos caquis, castañitas asadas, pimientos asados,…. Podría seguir y seguir. Esta vez voy a hablar de los pimientos del piquillo navarros.

Los pimientos del piquillo es una marca de estas tierras y pocos turistas abandonan Navarra sin un tarrito de pimientos asados, bueno, y espárragos también. Pero lo que está en el tarro, aun siendo “elaborado a mano”, no se puede ni comparar a lo que sale de asarlos en casa y preparalos tú misma. La cocina me vuele a pimiento asado un par de días después de hacerlo. Mi hijo de 5 años nunca dice que no a una tostada con pimientos asados de mamá. :))

En el mercado se puede comprar los pimientos asados con el gas, pero pierden muchísimo al no empaparse del olor de la madera de un fuego de verdad. Merece la pena las horas que gasto luego en pelarlos. Y si tu familia te agradece el esfuerzo con las enormes ganas de comer, ya está todo saldado. 😉

Pimientos de piquillo navarros.

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Pimientos del piquillo.

 

Yo no emboto los pimientos al natural. Nos gusta más macerarlos con hierbas para más gusto. Aquí indico la receta de mi macerado, pero le añado todo “al ojo”. Es un poco complicado de medirlo exactamente, puesto que cada año compro diferente cantidad de kilos. Pero la cocina no es una ciencia exacta, hay que probar y llevarse por la lógica de vez en cuando.

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Tarta con grosellas rojas.

Cuando yo era pequeña, recogíamos muchísimas grosellas, rojas y negras, al final del verano. Luego en unos barreños de cobre se cubrían de azúcar para que soltaran el zumo. Después se cocían a fuego muuuuy lento y olía por toda la casa. Se embotaba así, en forma de mermelada, pero también simplemente triturados con azúcar. Este último nos daban en invierno cuando estábamos resfriados. En la memoria está gravada perfectamente la conexión grosellas=resfriado. :)Y no es en vano. Las grosellas son perfectos guerreros antisépticos y antibióticos. Levantan el muro de resistencia ante las infecciones y le dan caña a la circulación sanguínea para que se espabile y circule mejor. ¡Justo lo que necesita nuestro cuerpo adormilado por el frío invernal! Mi abuela sabía lo que hacía. 😉

Las grosellas son ácidas. No lo vamos a negar. Por ende, es algo difícil que los niños lo coman en crudo. Aunque de pequeños nosotros comíamos la grosella negra sin problemas. La roja costaba más y los comíamos del arbusto solo ocasionalmente. Pero los niños modernos sólo están acostumbrados al sabor dulce únicamente. Y la pobre grosella no tiene ni la mínima oportunidad.

La mejor manera de incorporar las grosellas, por tanto, es en los batidos (deben consumirse al momento y endulzados con miel). También van de perlas en una compota de frutas. Y por supuesto en las galletas y tartas. Como una cajita ya se me estaba poniéndose mala, lo utilicé urgentemente en una tarta, ya que la compota ya llevaba hecha unos días ya. 😉

Tarta con grosellas rojas.

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Tarta de grosellas rojas.

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Estás a tiempo para congelar el melón.

Todavía estamos a tiempo para congelar los melones y las sandías para unas impresionantes batidos, de los cuales disfrutaremos en invierno. La temporada se está acabando y hasta el verano siguiente no podremos volver a saborear esta fruta que tiene el sabor tan fresco y tan veraniego.

No cuesta nada de esfuerzo congelar estas frutas y, aunque no se descongelan en piezas bonitas y firmes para poder comerlos, sí que están muy buenos para un batido.

En casa mi hijo se encarga de preparar el melón y yo sólo lo congelo. Trabajamos la motricidad fina sin esfuerzos. 😉

Congelar el melón.

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Congelar el melón.

El mejor melón para un batido es el cantaloup. Es el más fragante y con el sabor más marcado. El melón piel de sano y Galia son más neutrales y al descongelarse pierden aun más del sabor por todo el agua que van a almacenar en forma de cristalitos.

Con una cucharilla de vaciado ahuecada se van sacando bolitas de los melones.  Las bolitas se colocan en una fuente, separaditos. Ponemos la fuente en el congelador hasta que se queden bien congelados. Entonces los pasamos a una bolsa con cierre u otro recipiente que queráis. Congelarlos así en una fuente permite que no se congelen en un cacho de melón, sino en trocitos separables. Aunque luego se van uniéndose por los cristalitos de hielo, se separan bien con una suave presión de los dedos.

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Vaciamos el melón para congelar.
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Vaciamos el melón para congelar.
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Generalmente suelo congelar en unas bolsas reutilizables, pero ya se me habían acabado. 

 

Bolitas de desayuno con camomila, limón y jengibre.

Tenemos el nuevo favorito para el desayuno – las bolitas de camomila con limón. Los chicos lo pillan del frigorífico a todas horas del día, pero mi intención siempre es ponerlos para el desayuno 🙂 Están riquísimos. Impresionantes. 

Este tipo de bolitas/barritas energéticas se preparan en un par de minutos y están a rebosar de lo bueno y rico 🙂 Para los niños pequeños, menores de 6 años, no se recomienda dar las nueces enteras y de esta forma ellos comen un surtido de nueces por la mañana que les sacian hasta la hora de almuerzo. De la misma manera funciona con los adultos. Con dos bolitas estas tienes una buena carga de energía. 😉

Bolitas energéticas con camomila, limón y jengibre.

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Bolitas energéticas con camomila, limón y jengibre.

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