Enseñar las Navidades a los hijos.

Me gusta “enseñar” las cosas a mi hijo. Me siento como un hada que abre una puerta mágica, llena de cosas increíbles por descubrir. Yo sólo abro esta puerta y ayudo a creer en que la mágia existe. Dejo que el niño lo explore y fantasee solo. Le surgen cosas graciosas y absolutamente tiernas. Reflexiona medio serio sobre ellas. Y no le niego nada de lo que inventa. ¿Cómo le voy a negar algo que nadie a podido demostrar que no existe? Es muy probable que exista de verdad y esa ilusión es lo que quiero que lleve en el corazón.

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El árbol de galletas que fabricamos una tarde de diciembre.

Las Navidades están cosidas y bordadas de estos momentos y puertitas mágicas, de las personitas y personas con barbucas y sin ellas. El espíritu quiero regalar y enseñar a mi hijo. Las Navidades no son las cajas de regalos.

Son montones de galletas que hicimos juntos, son adornos que rescatamos del trastero, son sopas calientes que disfrutamos al mediodía, son juegos que hacemos mientras hace malo fuera, son muchas conversaciones que mantenemos sobre el método que utilizan los Reyes Magos para entrar a las casas, son las noches y las mañanas de nerviosismo por si han podido venir los Reyes y el Papá Noel.

El regalo sí que hace ilusión, pero esta emoción, ilusión, sobresalto previo es lo que más me conmueve. Son tan puros e ingenuos. ¿Quién querrá quitar a los niños esta ilusión y creencia en el mundo mágico?

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El árbol de galletas.

De verdad es que este diciembre hicimos muchas galletas.:)) Una pena que no tuve tiempo ni documentarlo ni prepararlo debidamente para compartir. Pero fueron tardes fantásticas después del colegio. A todos los padres os aconsejo el “momento galleta”. :)) Repartiendo el amor y la mágia, empezamos la andada de este nuevo año.

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El árbol de galletas.

 

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Mermelada de higos.

Los higos en el norte de España cuestan como el oro, peeeero algunas veces se puede pillar un chollo :)), y entonces te puedes permitir el lujo de destinarlos para hacer una mermelada. Ay, con la cantidad de higos que se caen al suelo por la tierras de Hernán Cortés…. Así es donde por primera vez probé este manjar que parecía miel. Nada que ver con los que compramos aquí y además carísimos. :((

Típicamente “casan” a los higos con las especias de otoño. Por supuesto estas uniones resultan sabrosas, pero me parece que el higo es un fruto tan aromático y desarrolla tanto dulzor propio que merece no ser tapado o mezclado con nada más. Es una estrella en sí misma. 🙂

Mermelada de higos morados.

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Mermelada de higos.

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Membrillo con vainilla.

Los postres en otoño son demasiado fáciles. En España el membrillo está injustamente rezagado al único postre del dulce de membrillo, ¡como si fuera la única posibilidad de disfrutar de ello! El aroma de membrillo maduro inunda  mi cocina…si no fueron a ponerse malos, los tendría toda la otoñada allí, en la estantería, sólo para olerlos... ))

Os invito a probar las nuevas posibilidades de este fruto. Membrillo pochado con vainilla – no hay quien se niegue a tomar este postre.;)

Membrillo con vainilla.

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Membrillo con vainilla.

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Colorantes artificiales en nuestra comida.

¡Qué tema tan apasionante! :)) Me gusta como la gente está de acuerdo contigo sobre tantos colorantes malos y luego con un gesto de bondad compran a sus hijos las gominolas multicolor y las galletas con un frosting chillón total. Justamente ayer atrajeron mi atención unas galletas monísimas con la cobertura en forma de calabaza y dedos de una bruja. En el reverso aparecía una línea entera de códigos de colorantes, pero debajo ponía una advertencia: Los colorantes artificiales son perjudiciales para los niños y afectan su sistema nervioso. ¡Por fin! Me encantó verlo. La honestidad me crea el respeto hacia la marca. No lo compraría, pero lo respeto. :)))

Los colorantes son PRESCINDIBLES. Y la comida no es un arco iris o la caca de unicornio, tiene su propio color natural y no necesita ningún añadido. Si enseñamos a los niños comer el verde fosforito, cuando crezca no reconocerá la comida de un verde normal o verde ligeramente oscuro que es más feo. Y de adulto tendrá que comer algo más que la “comida para niños”.

En repostería, sin embargo, los colorantes son un ingrediente que da mucho jugo a la preparación. Para esto existen colorantes naturales. Existen. Son fáciles y baratos de obtener. No hay posible excusa para comprar los derivados de petróleo.

Tarta verde de espinacas. 

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Tarta verde de espinacas.
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Tarta verde de espinacas.

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Tarta con grosellas rojas.

Cuando yo era pequeña, recogíamos muchísimas grosellas, rojas y negras, al final del verano. Luego en unos barreños de cobre se cubrían de azúcar para que soltaran el zumo. Después se cocían a fuego muuuuy lento y olía por toda la casa. Se embotaba así, en forma de mermelada, pero también simplemente triturados con azúcar. Este último nos daban en invierno cuando estábamos resfriados. En la memoria está gravada perfectamente la conexión grosellas=resfriado. :)Y no es en vano. Las grosellas son perfectos guerreros antisépticos y antibióticos. Levantan el muro de resistencia ante las infecciones y le dan caña a la circulación sanguínea para que se espabile y circule mejor. ¡Justo lo que necesita nuestro cuerpo adormilado por el frío invernal! Mi abuela sabía lo que hacía. 😉

Las grosellas son ácidas. No lo vamos a negar. Por ende, es algo difícil que los niños lo coman en crudo. Aunque de pequeños nosotros comíamos la grosella negra sin problemas. La roja costaba más y los comíamos del arbusto solo ocasionalmente. Pero los niños modernos sólo están acostumbrados al sabor dulce únicamente. Y la pobre grosella no tiene ni la mínima oportunidad.

La mejor manera de incorporar las grosellas, por tanto, es en los batidos (deben consumirse al momento y endulzados con miel). También van de perlas en una compota de frutas. Y por supuesto en las galletas y tartas. Como una cajita ya se me estaba poniéndose mala, lo utilicé urgentemente en una tarta, ya que la compota ya llevaba hecha unos días ya. 😉

Tarta con grosellas rojas.

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Tarta de grosellas rojas.

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