Polo de albaricoques con camomila.

Otra vez estamos con los polos. Pero ahora hay tanta fruta que al final no logramos consumir todo de temporada y buscamos soluciones. Muy refrescante y bueno para todo el mundo 😉

Polo de albaricoques con camomila.

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Polo de albaricoques con camomila.

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Mermelada de albaricoques.

Por donde viajamos, siempre me llevo mis utensilios de cocina conmigo. Sí, también cocino de vacaciones. ¿O en este tiempo lo que comemos no cuenta? Al final, el coche siempre va lleno de cosas “imprescindibles de mamá”. 🙂 Bueno, qué le vamos a hacer. Lo que no suelo llevar conmigo son cosas perecederas: frutas y verduras. Porque no hay mejor forma de disfrutar de un lugar que comiéndolo. Me presento en todos los mercadillos que veo por España. Siempre pregunto que me ofrezcan cosas que vienen de sus huertas o de la de su primo. Estas frutas jugosas están en su punto. Pero… muchas veces me ilusiono y me paso…. ups… Compro demasiado. Y toda esta frescura no aguanta muy bien los viajes, aunque los lleve en un frigorífico portátil. Así nació la mermelada…

Compré demasiados albaricoques y los tuve que traer a casa. En 3 horas de viaje se han hecho poco apetecibles y a la vuelta simplemente les congelé. Pasados días decidí hacer lo más fácil – una mermelada. Resulta que descubrí un truco buenísimo para pelar los albaricoques. Una vez medio descongelados estaban tan blanditos que la piel se iba por si sola, solamente quedaba la pulpa dulce. Ni la batidora me hizo falta. 😉

Mermelada de albaricoques con vainilla.

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Mermelada de albaricoques con vainilla y romero.

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El tiempo de los albaricoques.

Los albaricoques también están ahora jugosos. De críos nosotros recogíamos los huesitos de albaricoques, los secábamos y rompíamos con un martillo. El huesito que va dentro, que parece a una almendra, también se puede comer. ¡Nada se desperdiciaba! 🙂

El tiempo de los albaricoques.

como guardar albaricoques

Albaricoque deshidratado.

Ay, los recuerdos de la infancia… Sacos y sacos y sacos de orejones secaditos al sol. Sólo teníamos un albaricoquero, eramos muchos para comer, pero aún nos sobraba la fruta para ponerla a secarse al sol y guardar mucho para el invierno.

En la casa de verano, que estaba apartada de la casa principal, guardábamos todo tipo de cosas y en la habitación más al fondo, la más fresquita, se apilaban los sacos con los orejones. De críos, nos escondíamos de vez en cuando entre los sacos, hablábamos de nuestras cosas y no parábamos de echar la mano al saco para picotear esos orejones. Ay, qué recuerdos más buenos…

Por cierto, prestad atención a la diferencia de color: los orejones de la tienda tienen un color anaranjado chillón y los caseros un color apagado inidentificable. Claro, para la vista y para la venta es más guay el primero.

Albaricoques deshidratados.

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Albaricoque deshidratado.
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Albaricoque deshidratado.
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Albaricoque deshidratado.
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Albaricoque deshidratado.