Pimientos navarros.

El otoño es una estación dedicada a la comida. Por lo menos en mi caso. Nunca quiero que se termine el verano y con bastante amargura miro hacía el otoño, sabiendo que pronto vendrán mocos, viruses, afonía y esas cosas divertidas de la vida. Para compensar este desánimo me vuelco en la comida. El otoño vuele a muchísimas cosas: especias fuertes, calabaza, tostada de setas con ajo, tarta de manzana, fantásticos membrillos, suculentos caquis, castañitas asadas, pimientos asados,…. Podría seguir y seguir. Esta vez voy a hablar de los pimientos del piquillo navarros.

Los pimientos del piquillo es una marca de estas tierras y pocos turistas abandonan Navarra sin un tarrito de pimientos asados, bueno, y espárragos también. Pero lo que está en el tarro, aun siendo “elaborado a mano”, no se puede ni comparar a lo que sale de asarlos en casa y preparalos tú misma. La cocina me vuele a pimiento asado un par de días después de hacerlo. Mi hijo de 5 años nunca dice que no a una tostada con pimientos asados de mamá. :))

En el mercado se puede comprar los pimientos asados con el gas, pero pierden muchísimo al no empaparse del olor de la madera de un fuego de verdad. Merece la pena las horas que gasto luego en pelarlos. Y si tu familia te agradece el esfuerzo con las enormes ganas de comer, ya está todo saldado. 😉

Pimientos de piquillo navarros.

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Pimientos del piquillo.

 

Yo no emboto los pimientos al natural. Nos gusta más macerarlos con hierbas para más gusto. Aquí indico la receta de mi macerado, pero le añado todo “al ojo”. Es un poco complicado de medirlo exactamente, puesto que cada año compro diferente cantidad de kilos. Pero la cocina no es una ciencia exacta, hay que probar y llevarse por la lógica de vez en cuando.

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Tarta con grosellas rojas.

Cuando yo era pequeña, recogíamos muchísimas grosellas, rojas y negras, al final del verano. Luego en unos barreños de cobre se cubrían de azúcar para que soltaran el zumo. Después se cocían a fuego muuuuy lento y olía por toda la casa. Se embotaba así, en forma de mermelada, pero también simplemente triturados con azúcar. Este último nos daban en invierno cuando estábamos resfriados. En la memoria está gravada perfectamente la conexión grosellas=resfriado. :)Y no es en vano. Las grosellas son perfectos guerreros antisépticos y antibióticos. Levantan el muro de resistencia ante las infecciones y le dan caña a la circulación sanguínea para que se espabile y circule mejor. ¡Justo lo que necesita nuestro cuerpo adormilado por el frío invernal! Mi abuela sabía lo que hacía. 😉

Las grosellas son ácidas. No lo vamos a negar. Por ende, es algo difícil que los niños lo coman en crudo. Aunque de pequeños nosotros comíamos la grosella negra sin problemas. La roja costaba más y los comíamos del arbusto solo ocasionalmente. Pero los niños modernos sólo están acostumbrados al sabor dulce únicamente. Y la pobre grosella no tiene ni la mínima oportunidad.

La mejor manera de incorporar las grosellas, por tanto, es en los batidos (deben consumirse al momento y endulzados con miel). También van de perlas en una compota de frutas. Y por supuesto en las galletas y tartas. Como una cajita ya se me estaba poniéndose mala, lo utilicé urgentemente en una tarta, ya que la compota ya llevaba hecha unos días ya. 😉

Tarta con grosellas rojas.

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Tarta de grosellas rojas.

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Estás a tiempo para congelar el melón.

Todavía estamos a tiempo para congelar los melones y las sandías para unas impresionantes batidos, de los cuales disfrutaremos en invierno. La temporada se está acabando y hasta el verano siguiente no podremos volver a saborear esta fruta que tiene el sabor tan fresco y tan veraniego.

No cuesta nada de esfuerzo congelar estas frutas y, aunque no se descongelan en piezas bonitas y firmes para poder comerlos, sí que están muy buenos para un batido.

En casa mi hijo se encarga de preparar el melón y yo sólo lo congelo. Trabajamos la motricidad fina sin esfuerzos. 😉

Congelar el melón.

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Congelar el melón.

El mejor melón para un batido es el cantaloup. Es el más fragante y con el sabor más marcado. El melón piel de sano y Galia son más neutrales y al descongelarse pierden aun más del sabor por todo el agua que van a almacenar en forma de cristalitos.

Con una cucharilla de vaciado ahuecada se van sacando bolitas de los melones.  Las bolitas se colocan en una fuente, separaditos. Ponemos la fuente en el congelador hasta que se queden bien congelados. Entonces los pasamos a una bolsa con cierre u otro recipiente que queráis. Congelarlos así en una fuente permite que no se congelen en un cacho de melón, sino en trocitos separables. Aunque luego se van uniéndose por los cristalitos de hielo, se separan bien con una suave presión de los dedos.

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Vaciamos el melón para congelar.
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Vaciamos el melón para congelar.
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Generalmente suelo congelar en unas bolsas reutilizables, pero ya se me habían acabado. 

 

Polo de plátano con cacao.

Viendo el anuncio de los polos congelados de Minions, mi hijo quería probar. Cómo les engañan a los pequeños con esta publicidad…madre mía… Pues hay soluciones muy sanas, baratas (que es también es importante) y muy rápidas a las inventivas publicitarias – un polo de cacao. Para la hora de la cena ya teníamos nuestros polos para tomarlos de postre. 😉

Polo de plátano con cacao.

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Polo de plátano con cacao.

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Polo de nectarinas con miel.

Estos polos son tan fáciles que los prepara mi hijo de 4 años. Hasta este punto. Así que si los padres pueden presentar unas cuantas excusas para no prepararlos este verano, dejadlo a vuestros hijos. Disfrutarán preparándolos y luego lamiéndolos durante las calurosas tardes del verano. 😉

Polo de nectarinas con miel de limón y yogur.

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Polo de nectarinas con miel.

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