Cocinar con los niños.

Cocinar con los niños retrasa mogollón las cosas. Tantas veces que cocinando con los niños se te queman las cosas y el pescado no sale perfectamente dorado. Cocinar con los niños ensucia tanto la cocina que te quedas el resto del día limpiando. Pero también es muy divertido. ¿Qué tal probar lo bien que funciona la nueva báscula de mamá? Aprobado por mi hijo.😉

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Niños en la cocina.

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Niños en la cocina.

Temporada de tomate Rico.

Trece kilos de puro vicio. La imaginación ya me hierve pensando en cantidad de cosas mega ricas que pueden salir de estos perucos. El mercado está llenísimo desde el principio de septiembre. El otoño invita con su generosidad de coger las cacerolas más grandes y las cucharas más resistentes. Mucho ajo oloroso. Muchas hierbas frescas de la huerta. Sólo falta buen trozo de pan.😉

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Tomates perucos.

 

El bueno de mi congelador o Qué hago con tanta sandía.

A más de uno le ha tocado tirar media sandia porque se ponía mala antes de que la familia se la consumiera. Pues, muy mal, pepes. Si no puedes consumir toda la fruta, congelar es una buena opción. Además podrás guardar mucha fruta de temporada para poder disfrutar de ella en invierno, cuando la variedad de frutas mengua.

¿Cómo congelar una sandía?

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Sandía congelada.

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Nuestro huerto.

Cultivar tu propio huerto en actualidad es una oportunidad, un capricho que te estás dando de disfrutar de los sabores genuinos. Cada verdura tiene su sabor inconfundible. Es normal y correcto. Pero la verdura de hoy sabe toda igual, sabe a nada. ¿Cómo pretendemos que a nuestros hijos les gusten los tomates si saben a cartón?

Así ha sido nuestra cosecha de este año…

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Nuestro huerto.

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Nuestro huerto.

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Nuestro huerto.

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Nuestro huerto.

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Nuestro huerto.

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Nuestro huerto.

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Nuestro huerto.

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Nuestro huerto.

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Nuestro huerto. La cosecha de una semana sin riego.

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Nuestro huerto.

 

Helado más delicioso del mundo.

Recientemente hemos estado disfrutando de las maravillas prehistóricas de Cantabria, tanto de los habitados El Castillo y cueva de las Monedas, como del famoso El Soplao. Nuestra aventura nos llevó al pueblo de Puente Viesgo, un pequeño pueblecito a los pies de la montaña. Paramos a dar un paseín por la vieja estación y queríamos tomar algo. Por suerte decidimos entrar en la cafetería del balneario. Donde veo el cartel “helado casero”, allá me voy y pruebo. La cafetería en sí estaba muy bien cuidada, con buena decoración y muy cómoda, pero fuera, cara al jardín precioso, habían mesas al aire libre. Los sabores de los helados que ofrecían eran muy sencillos: fresa, chocolate, vainilla, leche merengada, queso. Cogimos el de vainilla y de queso. ¡Ha sido el amor de primera cucharada! En ninguna parte de España había probado unos helados tan caseros de verdad de verdad.

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El helado de vainilla tenía un sabor inconfundible de yemas frescas y caseras (si están frescos no significa que sean de debajo de tu propia gallina). De pequeños en Ucrania hacíamos mucho un postre de mezclar fuertemente con varillas unas cuantas yemas recién recogidas con bastante azúcar. Pues, este helado sabe a esta cremosidad de yemas frescas. Docenas de veces he cocinado helado en casa con los huevos del super y nunca he notado este toque delicioso. A destacar que el helado no olía a distancia a vainilla. El helado no llevaba ningún añadido artificial para potenciar al sabor (flipante en nuestro tiempo). Simplemente llevaba la vainilla natural.

El helado de queso estaba tan cremoso como las nubes. Y no estaba pringoso ni hiperazucarado. Después de tomar cualquier helado industrial la boca no se refresca, sino apetece beber agua para que se limpie esta pringosidad de mi lengua cuanto antes.

Estáis obligados parar en el Puente Viesgo la próxima vez que estéis sumergiéndose en la Cantabria Infinita. ¡Busca los sabores más auténticos en el mundo de la comida artificial!